# MiPrimeraVez

Continuando con la movida de Argentina Wine Bloggers les voy a hablar de mi primera vez, aunque mi primera vez no fue una única vez. Mi acercamiento al mundo del vino tiene varios hitos en mi memoria.

Mi primera vez fue el vino tinto de damajuana que coloreaba mi vaso de soda. Corría el primer lustro de los 70 y el sodero y el vinero formaban parte de nuestros proveedores habituales en Valentín Alsina (Lanus Oeste). Si bien mi viejo tomaba vino todos los días, en mi caso me estaba permitido los domingos o feriados, no sea cosa que vaya borracho a la escuela. Todavía recuerdo ese gustito entre dulce, amargo y burbujeante.

Lamentablemente esa costumbre se cortó por una enfermedad de mi padre que no le permitía tomar alcohol. Su permitido era también el mío, el vermucito de los domingos, “ceremonia” que me acompaña hasta hoy: Cinzano cortado con Fernet, acompañado por algún ingrediente casual.

A partir de allí la adolescencia, más matizada con cerveza que con vino, salvo algún asado o cumpleaños donde con suerte ligábamos algún Suter Etiqueta Marrón.

Mi primera vez fue cuando solito me compré mi primer vino para tomar, valga la redundancia,  yo solo. Lo importante no fue lo que compré, lo importante fue que me decidí por un vino. Corrían los mediados de los ochenta (cargaba con 18 años) y volviendo un diciembre pegajoso desde el CBC de Drago (Ciclo Básico Común sede Drago en Coglhan) a mi casa en Lanús Este me tentó un Termidor Blanco helado en un almacencito del barrio. Ya era de noche y antes de cenar me bebí algunos vasos mitad y mitad con soda. No olvidaré ese dulzor refrescante.

Mi primera vez fue cuando a partir de ese momento elegía, con aciertos y errores, lo vinos para los asados con mis amigos.

Mi primera vez con el vino y San Rafael fue en 1998, donde tuve que viajar por razones laborales. Visité por primera vez una Bodega (Valentín Bianchi) y conocí lo que doce años después sería mi hogar.

Mi primera vez fue cuando en mi Luna de Miel en Italia (2001) descubrí los vinos por copa. Me dí cuenta de la real diferencia entre los terruños. Cada vino de cada una de las zonas era distinto y ni que hablar de los exquisitos platitos que los acompañaban, también referentes de cada región.

Quise saber más y mi primera vez fue hacer un curso introductorio de Vinos en la EAS (Escuela Argentina de Sommeliers). Y mi primera vez fue estudiar Sommellerie y recibirme en la EAS.

Mi primera vez fue la presentación de vinos en una exposición. Mi primera vez fue trabajar en una Vinoteca (Diseño Líquido de Almagro) y dar allí mis primeros cursos.

Porque no me gusta solamente el vino, mi primera vez fue también hacer un curso de Elaboración Artesanal de Cervezas en la Facultad de Agronomía y hacer junto con mi esposa unos pocos litros, donde la rubia estuvo bien, la stout excelente y la roja un desastre.

Mi primera vez fue Tentempié, un almacén gourmet que montamos con mi esposa, donde comencé con 15 etiquetas y terminé con más de 100, en un poco más de un año de vida.

Mi primera vez fue hacer este blog, porque sentí que tenía algo para decir.

Y sigo andando, esperando otra primera vez.

 

Antonio Raviña

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