La Argentina todavía no encontró una identidad para el Malbec

Les comparto un interesante reportaje realizado a Alejandro Roca, enólogo de una de las mejores bodegas del Oasis Sur.

La nota aborda temas como el Malbec y su identidad, la Bonarda, el Torrontés y los cambios en la bodega.

Fuente: IProfesional, Juan Diego Wasilevsky, 12/05/2010

En diálogo con este medio, Alejandro Roca, enólogo de la bodega mendocina Alfredo Roca, destacó que abundan los winemakers que “diseñan” vinos agresivos, sobrecargados, pero poco elegantes. Así, hizo un llamado a cuidar más el varietal estrella de la industria vitivinícola local. El gran caballito de batalla de la Argentina, sin lugar a dudas, es el Malbec, un varietal originario de Francia pero que desarrolló su mayor potencial en tierras locales. Hoy por hoy, su presencia en la industria es arrolladora y la imagen de marca país en materia vitivinícola está asociada indefectiblemente a esta uva. En efecto: actualmente las exportaciones de esta variedad explican el 40% del total en valores y casi 34% en volúmenes.

Sin embargo, así como el Malbec hoy es sinónimo de “vino argentino”, hay expertos para quienes todavía falta un largo camino por recorrer. Y no sólo eso, también alertan que es necesario “emprolijar” un poco el camino para que este varietal se consolide a nivel mundial.

Es el caso de Alejandro Roca, enólogo de Bodega Alfredo Roca, compañía fundada por su padre, uno de los referentes en el mundo del vino.

En diálogo con este medio, Roca no dudó al afirmar que “la Argentina todavía no encontró una identidad para el Malbec. Hay una clara inconsistencia. Existe una tendencia hacia la concentración, mucha carga tánica y mucha presencia en boca. Pero esto, para que funcione, tiene que ir acompañado por el tiempo. Porque si se le quiere extraer a la uva más de lo que tiene y se obtienen vinos sobreconcentrados y esto después no se acompaña con una guarda adecuada, no es positivo”.

El experto recalcó que “tradicionalmente el consumidor argentino no ha sido tan proclive hacia vinos muy cargados, pero ahora hay una moda que establece que si un vino está muy concentrado, pasa a ser bueno, y esto no es así”.

Roca fue más allá y destacó que “un vino de estas características es raro que sea de alta gama. Para mí, este segmento exige mucha elegancia. Tiene que ser un vino balanceado en boca”.

En otras palabras, los taninos agresivos, para el enólogo, hasta pueden ser una pésima señal.

Esto se debe, en muchos casos, a que los bodegueros no pueden o no quieren tener capital parado durante años –un “lujo” difícil de afrontar por los históricos problemas de financiamiento- o porque el mercado está demandando cada vez más Malbec. De este modo, hacen salir a la cancha a añadas que aún no “limaron sus asperezas”.

En este contexto, Roca llamó a “ir encontrando la elegancia, la delicadeza”.

“Son los desafíos que tenemos de cara al futuro y la industria está en excelentes condiciones de enfrentarlos. Hay mucho know how, viñedos buenos. Está todo dado para que el Malbec se siga consolidando”, recalcó.

Malbec y…
Por otra parte, una de las “obsesiones” de la industria vitivinícola local es encontrarle una “pareja” a este varietal. En efecto: desde entidades como Wines of Argentina constantemente hacen un paralelismo con el tango, donde el Malbec lleva la batuta y el Torrontés acompaña, con el objetivo de no centralizar toda la imagen de marca país en una sola variedad.

Al respecto, Roca consideró que “el Malbec es irremplazable, es la bandera argentina”, pero coincidió en que “hay mucho potencial para seguir explotando nuevas variedades”.

Sin embargo, prefirió no poner sus ojos en la cepa insignia salteña: “No soy un gran fanático del Torrontés. Hay que trabajarlo mucho ecológicamente para que sea delicado. Tiene potencial y es importante para la industria, sin embargo no veo que sea muy fácil de introducir en los mercados mundiales”.

Como contrapartida, sí ve en el Bonarda una llave hacia una nueva especialización: “Este varietal no deja de sorprender año a año. Muchas bodegas tenemos viñedos de más de 50 años que dan vinos espectaculares y esto hay que potenciarlo. Hay mucho por hacer”.

Presente y futuro
A la hora de analizar la actualidad y las proyecciones para el negocio, Alejandro Roca se mostró sumamente optimista, principalmente porque les está rindiendo frutos la estrategia de hacer foco en vinos de más alta gama y, de este modo, crecer más en precio que en volumen.

De hecho, en 2009 Bodega Alfredo Roca registró una tasa de variación del orden del 10% en lo que respecta a cantidades exportadas –equivalente a 50.000 botellas-, pero logró un incremento del 23% en facturación. En cualquier industria, esto es sinónimo de más calidad.

“Esto lo logramos básicamente eliminando líneas que apuntaban al volumen y haciendo foco en los vinos de mayor precio”, apuntó.

Y aquí es donde entra en juego Dedicación Personal, una línea de lanzamiento reciente que marca diferencias en los valores FOB de la compañía.

En efecto: mientras que el precio promedio de exportación de cada botella de la compañía, sin sumar costos correspondientes a los mercados de destino, es de u$s2,80, esta nueva línea se ubica en el orden de los u$s4,70. De este modo, el plan de la bodega es potenciarla para dar un salto a nivel facturación sin la necesidad de incrementar desmedidamente la producción.

De cara al futuro, Roca destacó que van a seguir creciendo, pero encendió una luz de alerta al referirse a los costos: “La verdad es que están ajustando constantemente, más que nada del lado de los insumos. Si bien todavía somos competitivos, los márgenes se van reduciendo”.

A pesar de esto, la bodega -que actualmente exporta a 13 países, entre los que se encuentran Estados Unidos, Brasil, Reino Unido y Canadá-, tiene como gran objetivo ampliar el número de mercados.

“A partir de este año vamos a focalizarnos en los Países Bajos, donde no tenemos presencia. También apostaremos por Alemania, donde es clave fortalecernos”, explicó.

¿Y Asia? Si bien Bodega Alfredo Roca hoy llega hasta restaurantes y hoteles de China y Japón, ese continente es todavía un mercado difícil, como para casi todas las empresas nacionales.

“La imagen de la Argentina es pobre, cuesta introducir vinos porque hace falta promoción a nivel país. Tiene que haber acciones que ayuden a que los consumidores de esa región conozcan nuestros productos”, exigió el bodeguero.

Sin embargo, se mostró esperanzado sobre el futuro de esta industria. ¿La razón? Confía en que se lograrán vinos cada vez más sofisticados, la gran llave para aumentar el share a nivel mundial.

Y en el “universo Roca”, eso se sintetiza en una sola palabra: elegancia.

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