La adulteración del color

No es grato hablar de estos temas, pero papá noel no existe y los reyes magos son los padres, así que  el mundo del vino también tiene sus pecados. La adulteración del color no es una artimaña nueva, pero en estos días se vuelve a hablar de ella con bastante insistencia.

Como en todo proceso, todavía se debe demostrar fehacientemente si la falta se cometió, pero como noticia no se puede dejar de obviar.

Les comparto una nota escrita por Miguel A. Flores y publicada en el Suplemento Económico del Diario Los Andes (03/01/10).

El INV intervino 2 millones de litros con colorante artificial de una bodega del Sur y otra del Este. Violación que surge ahora que los vinos tintos brillan por su ausencia. Unos dos millones de litros de vino fraccionado y en puntos de venta provenientes de dos bodegas es el saldo de sendos operativos de l INV en los que se detectaron adulteración por materia colorante. Así, la tarea de los inspectores desnuda una vez más una maniobra con no menos de 20 años de antigüedad que aparece con los vaivenes del negocio vitivinícola. La práctica de “teñir” volúmenes (a veces con el grosero aunque económico recurso de la anilina), aparece íntimamente ligada a la pretensión de quienes la impulsan de ampliar márgenes de ganancia en un mercado con mucho vino blanco y sin disposición a pagar por el poco y cotizado tinto, que llegó a los $ 3.

Una práctica que explotó a principios de los ‘90 y que días atrás dejó en evidencia a un reconocido establecimiento de la zona Este, al que se le intervino una partida en una vinería de Buenos Aires.

Un par de meses atrás había ocurrido algo similar con un volumen despachado por una bodega sanrafaelina de más de 5 décadas de trayectoria. La firma, cuyo nombre está vinculado a la producción y que comercializa vinos genéricos y varietales además de especiales, embotellados y en damajuana, está en manos de la tercera generación de las familias fundadoras de 19 productores que a mediados de los ‘50 se lanzaron a elaborar y con el tiempo constituyeron una SACIF (Sociedad Anónima Comercial, Industrial y Financiera).

Ahora, como sucedió con ésta, su par de San Martín, la segunda de un holding familiar que se arroga una participación del 6,8% en el mercado nacional de vinos de alta gama y ser parte de “las primeras cinco bodegas en venta de vinos finos a nivel país”, debe esperar la contraverificación de los resultados positivos que arrojó la técnica conocida como método Arata (básicamente, hilos de lana que, sumergidos en unos pocos mililitros de vino en ebullición y luego retirados bastan para confirmar, según el color oscuro que adoptan, la presencia de sustancia prohibida).

Y si bien las actas labradas por los inspectores en ambos casos es sólo el puntapié inicial de un proceso que conlleva pesadas multas (una fija, de $ 50 mil como mínimo, más un monto variable por cada litro comprometido) y en el peor de los casos la clausura del establecimiento infractor, como ha sucedido antes es probable que se abra paralelamente una causa que la Justicia penal debería resolver de ratificarse los análisis iniciales.

Lo cierto es que, se resuelva a favor o en contra, ambos abren una discusión casi ideológica entre quienes defienden la idea de mantener en reserva identidad y cualquier dato que la revele para evitar que una onda expansiva con efectos devastadores sobre la imagen del vino argentino todavía consolidándose, y aquéllos que abonan lo contrario, apoyándose en una condena social del propio sector y del mercado mismo que sirva como medida ejemplificadora.

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